top of page

Obediencia debida

Por Nacho Gomes

Image-empty-state_edited_edited.jpg

         Siempre observé con fascinación e incredulidad a los obedientes cumplidores de órdenes. A los que no mascullan bronca cuando les exigen sumisión reverencial, a los que no se dan media vuelta y se acuerdan de la madre del jefe mientras el susodicho no los ve, a quienes no hacen rechinar los dientes cuando un piojo resucitado encarnado en mando medio les aplica el escalafón con saña y malicia. Envidio sanamente al joven asustadizo que baja la cabeza ante la requisitoria de los soldaditos esclavos disfrazados de coroneles feroces.

         Los miro con admiración porque carezco de tal frialdad cuando resuena la bota del opresor, sucumbo ante la intemperancia de mi carácter y la barbarie de esta naturaleza inoportuna, soy incapaz de controlar a mis esfínteres guerrilleros frente a la voz autorizada del ejército de culos rotos. Esta gente, de bien si las hay, lleva la prudencia como bandera. ¡PRUDENTES! antes que nada. Si yo pudiese ostentar la mitad de esa refinada cualidad, pero no; he perdido cualquier atisbo de cautela y, por ello, busco, desesperadamente, al buda contemporáneo que no sabe de odios viscerales; aquel que, casi gustoso y meditabundo, permite el acceso carnal del arriba, la violación explícita e implícita, el aplastamiento, simbólico anche material, del abajo.

          Debo buscarle el costado positivo al asunto, convertirme en un optimista del gol, edulcorarme en el verso florido de la didáctica que asesora a la imagen. Hacer caso a mis colegas emprendedores y escritores, promotores de esos modales excelsos que posibilitan las milagrosas dádivas de la tribu caza bobos; solo siendo un charlatán legitimado caminaré, lento pero seguro, hacia una vejez sin jubilación y con residencial. Debo construir un nuevo estar en el mundo, piedrita por piedrita, con el funesto decálogo civilizatorio en la mano y leer más folletines de autoayuda, la vaselina más eficaz de nuestros tiempos. Si no aprendo de quienes financian al Hombre Gris no podré caer parado en el tejado. Si no comulgo con esta mayoría abrumadora seré ejecutado por los dueños del tinglado. Si no escarmiento como los flamantes tibios es probable que me muera en el intento; aunque diga Il Diavolo Dante que ellos van a quemarse en el infierno.

Teléfono

(+598)98-888-452

Revista "Barro", Uruguay

E-mail

Logo Barro footer

Conectemos

  • LinkedIn
  • Instagram

2025. Todos los derechos reservados

bottom of page