Incertidumbre y asilo
Un empleado ejemplar

La incertidumbre
Tengo en la punta de la lengua
una ventana del universo
que ronca afuera
y en las huellas de mis pasos de niño
el lento devenir imperceptible
que me ha hecho
el esqueleto envuelto en piel que traigo
aquí y ahora.
Todavía subsisto en el espejo
por encima del dorso de mi propio padre,
con las dudas como calcomanías,
a mis treinta y tantos años.
Y en las oscuridades del cerebro,
donde tiembla la niebla
suena en el violín de telarañas
una música desaparecida
que hace que lo que intento inventar se desvanezca
sin una punta que señale el final
para alcanzar,
si no el principio,
al menos un trayecto chiquito de este ovillo.
Para que de ahí en más,
pueda empezar a gatear el señorito,
como reproduciendo gente grande,
sin ese desconcierto que nos calla.
Pero en definitiva eso no pasa
y uno anhela que en su mente crezcan flores
que decoren los pasillos de tus viajes,
y no sabe si avanzar por donde nadie
se ha metido alguna vez a hacer bemoles
lo que quiero decir
es que no hay nada más
que una incertidumbre entre tus palmas
y que lo que está bien puede estar mal
según el viento
y uno anhela regalar al horizonte
un collar de barcos llenos de zafiros
que brillasen en tu noche como faros
que te marquen el camino con sus ritmos
No sé si me explico,
pero llevo la intuición de que hay un puerto
cuando hay alguien que ya dijo lo que pienso
cuando quiso caminar el señorito
y sacó de la mochila todo el karma
El camino se llenó todo de barro
Sus zapatos le pesaban como anclas
Para mí fue una cuestión de hacer del caos
de la métrica y la rima y las palabras
un collar de barcos llenos de zafiros
para otros fue cuestión de un par de fotos
que se vea
en la nave mientra hacemos cosa fea
Así suspiró Dios al oído del poeta
Que hizo un hueco en la tierra,
Y que luego de dudar, como un humano,
Se tiró desde lo alto a un fondo de emergencia
Y se agarró,
justamente,
de lo que ya estaba hecho:
confió en Dios.
La mañana en que una flecha de calandrias
se iba cazando el cielo
contabas lo que suelta el mar
a la sombra de las olas,
y me quedé pensando en cuando,
por una casualidad del silencio,
te ibas vos también al cielo
con una tenue intuición
del verso que quedaba dibujado en el laberinto que hay en mi cabeza.
Asilo
Que haya un corazón contra mi pecho
cuando este suelo se desarme
y arda en la boca del abismo
la inmensa soledad
que ni por un instante se ha partido.
Que abra una grieta con luz
ese sonido
ese vibrar de una voz
cantando lento
contra este desconsuelo
que por ya no ser fortuito
que por no ser pasajero
empieza a parecer que es solo mío.
Hoy, que no tengo manera
de no mirar lo que la noche muestra.
Hoy, que no tengo piso,
hoy, que no tengo un asilo.
Que todo lo que he podido pensar
me ha cerrado la puerta,
me ha negado el cobijo,
que he palpitado mi profunda orfandad
y me aproximo al alba
así,
sin nada de lo que tenía.
Que haya, por favor,
un corazón meciendo,
al filo de los desconciertos,
estas angustias apelotonadas
esta incoherente sensación de falta.
Imagen de la portada generada con IA a través de Chat GPT
