Microtextos carcelarios.
Lengua, educación y cárcel.
Martín Cerisola

Introducción
Este trabajo reúne textos breves que relatan experiencias y consignan reflexiones sobre mi trayectoria como mediador de la lengua en distintas cárceles masculinas de Uruguay desde hace 10 años. Son notas, apuntes y fragmentos de diario que giran en torno a las intervenciones pedagógicas que orienté en cárceles uruguayas desde 2014 hasta la actualidad, y que reflexionan sobre el fenómeno educativo y sobre el acontecimiento humano de la lengua.
Utilizo el fragmento como forma porque, en mi caso, me suele suceder que al desarrollar hilvanadamente un texto, el mismo se presta a la impostura, sucumbe a ese vicio del lenguaje universitario y clasemediero que se divorcia de lo que está diciendo para quedar atrapado en una red de significados vicarios, disociados de la realidad concreta que los vio nacer.
¿Qué implica para mí trabajar en cárceles? Espero que estos textos puedan dar cuenta de esa pregunta que también me hago a mí mismo. Adelantaré solamente que siempre busqué lecturas, enfoques y experiencias que pudieran expandir la endogámica estrechez del universo clasemediero.
“Henos aquí, entonces,
en busca de formas de ser
distintas a las formas verbales
con las que la consciencia se forma”
Fernand Deligny.
-Estoy prisionero en el lenguaje. Con él puedo decirme, comprenderme e interpretar la realidad. Pero estoy dentro de él. Mis posibilidades de decir son mis posibilidades de concebir: delimitan lo posible.
En el habla natural circulan las representaciones en las que estamos inmersos.
Esta pobreza simbólica es una forma de encierro.
Me encuentro encerrado en muros simbólicos y voy al encuentro con personas en situación de muros reales.
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Como la terapia, que no me ayudaba a transformarme sino a adaptarme, también las intervenciones educativas en contextos de encierro pueden convertirse en eso.
¿Habilitan posibilidades reales de transformación? ¿O voy solo a que se desahoguen y se sientan humanos por un rato?
¿Cómo evito que la intervención pedagógica acabe convirtiéndose en una mera instancia de distensión que contribuye con la continuidad del engranaje?
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En el hacinamiento de los cuerpos, en la potencia reducida y confinada de los cuerpos, lo humano, llevado a sus límites, igualmente conecta con la ternura.
Con la ternura que crea cercanía.
La cercanía que yo era incapaz de inventar.
(Vengo a enseñar lo que aprendo de ustedes).
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Un policía con cara de preso.
Un preso con mentalidad de policía.
Una operadora penitenciaria que tiene un hermano preso.
Un educador que se encuentra en la cárcel con otra docente que conoce de afuera, de la universidad.
La segregación social del espacio y el mito del libre albedrío y la voluntad individual.
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Lo que había en su mirada y en su voz mientras hablaba –fuerza, súplica, arrogancia– estaba mucho más vivo que las palabras que decía. Sostener su mirada -inasumible, cruda- exigía una reciprocidad que pudiera también desnudarse así.
Pascal Quignard: “No se trata de estar preparado, sino de poder responder a lo imprevisible.”
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Asesinos seriales o psicópatas que secuestran y esconden personas en sótanos durante años, cuando son descubiertos, sus vecinos suelen dar testimonios de sorpresa y desconcierto: “nunca me lo imaginé, era un buen vecino, una persona normal.”
La normalidad es idónea para esconder monstruos.
(Y para generarlos).
