Canción triste para los que recién despiertan
Lorenzo Tiemblatierra

—¿En qué estás pensando? — preguntó un empleado ejemplar. El Joven manos de tijera hizo una mueca.
I
En los fiordos cerrados de la mente
pasa el viento.
Trae el silbido entrecortado
de un retorcido espacio hueco.
Por ahí corre oniris o se estanca
con la elasticidad metálica del tiempo
y cuando el pensamiento queda en vilo
por adentrarse al confín,
termino atado al latido.
Todo entre mí y el límite se espesa
y por fuera parece simple escarcha.
Se hunde la máquina de armar palabras
que da sonido a las fragilidades.
Fondo que no es fondo de tu psique,
allí es títere el llanto,
las visitas se olvidan
de por qué venían.
Y aunque no hay ya conexión posible
desde afuera parece no ser nada.
II
Los días en que pierdo los rastros
de la historia de mi vida,
cuando no sé quién fui ni en qué nube he llegado,
se apagan, como los navegantes
dejando el horizonte,
los filtros que hacen menos pesadas
las ráfagas del reflejo.
Por eso me aparto, cantando, del camino
Al ver inmensamente más de lo que advierto
cuando miro
sabiendo o creyendo saber quién he sido.
III
Triste canción para desesperados,
que entibia lo que hay de helado en el pecho,
tan triste, que el mismo hielo es remedio.
Es esto lo que te doy, mi regalo:
No dejarás de estar ebrio hasta el alba,
ya no podrás volver
aunque vuelques un río en tu garganta,
y deberás atravesar las cuadras
como cuando no sorprendían
con ese brillo que las perlas tragan
de alguna luz ocasional.
Solo después de que traigan los días
una distancia reconciliadora
podrás saber que lo que fue y se ha ido
sigue palpitando en las pestañas
y que, aunque no te lo expliques,
lo habrás pasado hablando,
cual dormido.
Triste canción que alegra a recién despiertos.
